Acompañamiento pedagógico El valle de las tristezas
El valle de las tristezas

El ritmo de la vida campesina


¿A qué velocidad se vive en el campo?

Desde el comienzo, la película nos sumerge en un ritmo particular pues se toma el tiempo de mostrarnos en detalle diversas actividades que parecen banales: la recolección de agua o de leña, el sacrificio de un cabrito, etc. El director no solo filma estas acciones, pues lo habría podido hacer por medio de escenas mucho más cortas, sino que registra la velocidad a la que se efectúan, filma el tiempo, el silencio y la calma. Filma, en otras palabras, el ritmo de la vida campesina.

La vida en el campo avanza a una velocidad diferente a la vida en la ciudad. El trabajo es arduo, pues son muchas las actividades que hay que llevar a cabo y a veces exigen grandes esfuerzos físicos. La mayoría de las tareas, además, no se pueden postergar, pues de ellas depende la supervivencia de plantas y animales. A diferencia de los trabajos en fábricas u oficinas, los horarios no son estrictos: la jornada laboral dura mucho más de ocho horas. El tiempo, sin embargo, es poroso. Cada una de estas actividades es realizada con paciencia y dedicación pero los campesinos pueden descansar o cambiar de actividad cuando mejor les plazca. Esta libertad establece una clara diferencia entre el campo y la ciudad, pues el trabajo no sigue otro ritmo que el de la naturaleza, los momentos del día y los ciclos naturales de plantas y animales. Así pues, aunque el trabajo sea duro, la vida también es más tranquila.

Esto le permite al campesino relacionarse de manera armónica con su entorno. En efecto, él ama su territorio. La naturaleza no es solo una fuente de alimento que puede ser explotada, sino que se convierte en una entidad que produce admiración y respeto. El ritmo de la vida campesina abre la puerta a la contemplación de la naturaleza. Tal y como lo vemos en la película, esta es una de las fuentes primarias del arte popular: por medio de historias, poesías y canciones los campesinos expresan sus sentimientos y su apego a la tierra.

Actividades complementarias

Vivir en el desierto


¿Qué es la Tatacoa?

La película nos muestra la vida de la familia González en el desierto de la Tatacoa, en el departamento del Huila. Aunque este es uno de los lugares más áridos de Colombia, las imágenes que vemos no concuerdan con las que todos tenemos en mente de lo que debe ser un desierto, un área extensa de arenas claras en donde no sobreviven ni las plantas, ni los hombres, ni los animales.

Aunque a este lugar se le llama el desierto de la Tatacoa, no es en realidad un desierto sino un bosque seco tropical. La aridez, tal y como lo vemos en la película, no es absoluta y es posible cultivar una gran variedad de plantas, como el maíz, la patilla o la ahuyama. Esta región es particularmente apta a la cría de cabras, pues estos animales se adaptan muy bien a las zonas áridas y se alimentan de todo tipo de plantas y arbustos. A diferencia del nombre con el que se conoce el desierto, "El valle de las tristezas", la Tatacoa está llena de vida y las personas que lo habitan están perfectamente adaptadas a su medio.

En efecto, para habitar en una región con estas particularidades, es necesario conocer bien el entorno. Los habitantes de la Tatacoa saben en dónde se encuentran las fuentes de agua, cuándo y cómo se debe sembrar para que los cultivos den lo que ellos necesitan. En una escena, uno de los personajes explica que quiere que su hijo vaya a estudiar, pues él no tuvo la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, aunque este hombre no haya recibido una educación formal, es depositario de un gran número de conocimientos que le permiten vivir tranquilamente en el desierto y mantener a su familia. Su hijo, a pesar de ser muy joven, ya domina en buena medida muchas de las actividades que hace con su padre y que le permiten cuidar de las plantas y los animales. La escuela le aportará otros conocimientos que le serán de gran utilidad, pero gracias a la crianza de su familia ya es depositario de múltiples saberes de inmenso valor. Los saberes campesinos son, en efecto, una fuente inmensa de conocimientos y sabiduría que no podemos dejar de valorar y conservar.

Actividades complementarias

Arraigo


¿Qué nos ata al lugar en donde nacimos?

Uno de los personajes de la película dice que "la mejor tierra es donde uno nace". Los habitantes de la Tatacoa, a pesar de las dificultades que puedan enfrentar, tienen una relación muy especial con su territorio. Lo conocen, lo protegen, lo admiran, lo contemplan y le cantan. Ellos se sienten arraigados a la tierra en la que nacieron.

Tener arraigo significa tener raíces. Los hombres, como las plantas, echamos raíces: estamos atados a la tierra en la que nacemos, crecemos y vivimos. Nuestro lugar de origen determina en buena medida nuestra identidad, pues incide directamente en nuestra manera de pensar, hablar, comunicarnos y actuar. Los habitantes del desierto de la Tatacoa, por ejemplo, son diferentes de los de Bogotá: viven a otro ritmo, tienen otras prioridades y otras preocupaciones, y sin duda piensan de manera diferente. Por lo general, conocemos en profundidad los espacios en los que vivimos, nos adaptamos y aprendemos a desenvolvernos en ellos con éxito. Esto genera un lazo muy fuerte con la tierra pues sentimos a la vez que nos pertenece y le pertenecemos.

Ese amor que sentimos por nuestra tierra es, precisamente, el arraigo. Nos permite valorar y proteger nuestras costumbres y nuestros valores. El lazo que establecemos no es solo hacia un lugar sino también hacia la comunidad que en él habita. El arraigo fortalece entonces los procesos comunitarios y sociales pues le da un sentido al trabajo colectivo. Sin embargo, ese amor que sentimos por nuestro territorio se torna peligroso cuando amar nuestra tierra significa despreciar la de los demás. Muchos son los conflictos producidos por diferencias culturales y regionales. Ser diferentes es percibido con frecuencia como un problema, cuando en realidad es una de las grandes riquezas de los hombres, pues nos permite abordar las dificultades desde múltiples perspectivas. Querer nuestra tierra no nos debe limitar, ni impedir apreciar la de los demás.

Actividades complementarias