Cine en la salud y en la enfermedad


El año 2020 será recordado como una gran ruptura histórica: una epidemia a nivel mundial puso en riesgo la salud de los habitantes de todo el planeta y el sistema mundial tal como lo conocemos dejó de funcionar, y cuando se ponga en marcha de nuevo será muy diferente.

A pesar de las múltiples incertidumbres que, a nivel biológico, clínico y epidemiológico, siguen subsistiendo en relación con la pandemia del Covid-19, lo que ya parece claro es que cada país ha respondido a la misma amenaza con diferentes medidas y/o con una temporización diferente. Pero uno de los aspectos que esta crisis mundial ha mostrado es que una mayoría de países tenía una total falta de preparación desde el punto de vista del sistema sanitario, de la interpretación de la información o de la política de comunicación, y sobretodo, de la política de salud pública.

Es importante recordar que el derecho a la salud constituye uno de los derechos humanos fundamentales. Sin él, es difícil o imposible acceder a otros derechos más complejos como es el social y el político. Es por ello que no sólo en las Declaraciones Universales el derecho a la salud aparece entre los primeros derechos fundamentales, sino también en las constituciones o cartas magnas que vertebran las distintas normativas nacionales y que finalmente acaban asumiendo las distintas estructuras de gobiernos regionales y locales, ya que el derecho a la salud es una obligación estatal.

En general, todas estas normas tienen como objeto promover los siguientes valores fundamentales: La salud como derecho fundamental de los seres humanos; la equidad, en materia de salud y solidaridad de acción entre todos los países; la participación y la responsabilidad de las personas, los grupos, las instituciones y las comunidades, en el desarrollo continuo de la salud.

No existe un único enfoque universal que permita responder de manera efectiva a una situación como la que vivimos actualmente y a su rápida evolución. Cada país debe adaptar la respuesta según las capacidades de sus sistemas de salud, sus recursos económicos e infraestructura, y el grado de responsabilidad colectiva e individual. En el futuro podremos analizar las diferentes respuestas a la pandemia y, con suerte, extraeremos las lecciones necesarias.

En tiempos de crisis o no, debemos ser conscientes de la importancia de tener y exigir servicios de salud competentes que respondan a las necesidades de la población. Es por eso que este mes aprovechamos la coyuntura para lanzar un ciclo de cine en torno a la Salud Pública, a sus deficiencias y problemáticas.

Porque cuando tenemos que enfrentarnos a un futuro incierto, siempre podremos consultar la memoria colectiva y aprender de las historias del pasado. Además, el cine nos seguirá emocionando, en la salud y en la enfermedad.

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